La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En un instante habían cambiado todos sus planes con respecto a Enrique. Era Carlos y no Enrique quien había leído el libro envenenado. Enrique debía marcharse, pero a condición de tomar antes el veneno. Desde el momento en que la fatalidad le salvaba de nuevo, se hacía preciso que Enrique se quedara, puesto que Enrique era menos temible estando prisionero en Vincennes o en La Bastilla que no como rey de Navarra a la cabeza de treinta mil hombres.

El duque de Alençon dejó, pues, que Carlos acabara su capítulo, y cuando el rey levantó la cabeza:

—Hermano mío —le dijo—, he esperado porque Vuestra Majestad me lo ordenó; pero, muy a pesar mío, ya que tenía que deciros cosas de suma importancia.

—¡Al diablo! —dijo Carlos, cuyas mejillas pálidas, ya sea porque hubiese puesto demasiado ardor en su lectura o porque el veneno comenzara a ejercer sus efectos, se iban tornando poco a poco purpúreas—. ¡Al diablo he dicho! Si vienes otra vez a hablarme de lo mismo, te marcharás del mismo modo que se fue el rey de Polonia. Me libré de él y me libraré de ti. Y sobre esto, ni una palabra más.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker