La Reina Margot
La Reina Margot Enrique se aproximó solÃcito. Pero bastó el tiempo que tardara en recorrer los doscientos pasos que le separaban de su cuñado para que Carlos se sintiera repuesto.
—¿De dónde venÃs, señor? —dijo el rey con una aspereza que impresionó a Margarita.
—Pues… de la caza, hermano mÃo —replicó ella.
—La caza era en la orilla del rÃo y no en el bosque.
—Mi halcón se puso a perseguir un faisán, señor, en el momento en que nos quedamos atrás para examinar la garza.
—¿Y dónde está el faisán?
—AquÃ; es un hermoso macho, ¿no es cierto?
Enrique, con su expresión más inocente, presentó a Carlos un ave de plumaje púrpura, azul y oro.
—¡Ah! Pero ¿por qué no os reunisteis conmigo en cuanto cazasteis el faisán?
—Porque dirigió su vuelo hacia el parque, de modo, señor, que, cuando bajamos a la orilla del rÃo, os vimos como a una media legua de distancia y en dirección al bosque. Entonces nos pusimos a galopar siguiendo vuestras huellas, ya que siendo de vuestra partida no querÃamos perdernos de Vuestra Majestad.
—¿Y todos estos caballeros? —preguntó Carlos—. ¿Estaban también invitados a ser de mi partida?