La Reina Margot
La Reina Margot —¿Qué significa esta estatuita? —preguntó Carlos.
—Mirad lo que lleva en la cabeza —dijo Catalina.
—Una corona —repuso Carlos.
—¿Y en el corazón?
—Una aguja.
—Pues bien, señor, ¿os reconocéis en ella? —¿Yo?
—SÃ, vos, con vuestra corona y vuestro manto.
—¿Y quién ha hecho esta figura? —preguntó Carlos fatigado ya de aquella comedia—. ¿Diréis también que el rey de Navarra? —No, señor.
—¿No?… Pues entonces no comprendo nada.
—He dicho que no —repuso Catalina—, porque Vuestra Majestad se refirió al hecho en sÃ, pero hubiese dicho que sà si Vuestra Majestad me hubiese hecho la pregunta de otro modo.
Carlos no contestó. Trataba de adivinar todos los pensamientos de aquella mente tenebrosa que se cerraba siempre ante él en el momento preciso en que creÃa posible poder leer en ella.
—Señor —añadió Catalina—, esta estatua ha sido hallada por Laguesle, vuestro procurador general, en el aposento del hombre que el dÃa de la caza con halcón tenÃa un caballo dispuesto para el rey de Navarra.