La Reina Margot
La Reina Margot —¡Oh, señor, señor! Vos sabéis muy bien que ella miente.
—¿Quién es ella? —preguntó Carlos.
—Escuchadme, Carlos, es terrible sin duda acusar a la propia madre, pero supuse que se quedarÃa a vuestro lado para perseguirles hasta el final. ¡Pero por mi vida, por la vuestra, por nuestras almas, os digo que miente!
—¿Perseguirles? ¿A quiénes persigue?
Ambos hablaban instintivamente en voz baja; se hubiese dicho que temÃan oÃr sus propias voces.
—En primer lugar a Enrique, a vuestro Enrique que tanto os quiere y os es más fiel que nadie en el mundo.
—¿Crees eso, Margot? —preguntó Carlos.
—¡Oh, señor, estoy segura!
—Yo también —dijo Carlos.
—Entonces, si estáis seguro, hermano mÃo —dijo Margarita asombrada—, ¿por qué le habéis hecho arrestar y conducir a Vincennes?
—Porque él mismo me lo pidió.
—¿Que él os lo pidió, señor?