La Reina Margot
La Reina Margot —SÃ, voluntaria o involuntariamente, se ha cometido un crimen.
—¿Y quién es la vÃctima?
—Yo.
—¡Imposible!
—¿Imposible…? MÃrame, Margot.
La joven miró a su hermano y se estremeció al verle tan pálido.
—Margot, no me quedan tres meses de vida —dijo Carlos.
—¿Vos, hermano mÃo? ¿Tú, Carlos?
—Margot, estoy envenenado.
Margarita dio un grito.
—Cállate —dijo Carlos—. Es preciso que crean que muero por efectos de la magia.
—¿Y conocéis al culpable?
—SÃ.
—Me dijisteis que no era La Mole.
—No, no es él.
—Ni tampoco puede serlo Enrique… ¡Gran Dios! ¿Será…?
—¿Quién?
—¿Mi hermano… el duque de Alençon? —murmuró Margarita.
—Tal vez.