Las dos Dianas
Las dos Dianas El lector habrá reconocido sin duda a los personajes: el hombre, bajo el nombre de MartÃn Guerra, era Arnaldo de Thill, imperioso y brutal como siempre, y la mujer, Beltrana de Rolles, prodigiosamente dócil e infinitamente más puesta en razón que nunca.
—¿Y mi vaso de aguamiel, dónde está? —repuso MartÃn con la misma brusquedad.
—Dispuesto ya, mi querido MartÃn: voy a buscarlo —contestó con timidez Beltrana.
—¡Siempre me has de hacer esperar! —gritó MartÃn dando una patada en el suelo—. ¡Tráelo pronto, porque si no…!
Un ademán demasiado expresivo terminó el sentido de la frase.
Beltrana entró y salió de la casa con la rapidez del relámpago. MartÃn arrebató de sus manos un vaso lleno de aguamiel, que apuró de un trago con visible satisfacción.
—Está muy bien —se dignó decir a su mujer, devolviéndole el vaso.
—¡Pobre MartÃn! ¿Tienes calor? —se atrevió a preguntar la mujer, secando solÃcita con su pañuelo la frente de su bronco esposo—. ¡Toma, ponte el sombrero, no vayas a constiparte…! ¿Estarás cansado, verdad?