Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah! Cuando digo que podéis vanagloriaros, nada más lejos de mi ánimo para que nadie se envanezca de parecerse a un tunante de su calaña, ni mucho menos. Yo, que soy de la familia, puedo decir que mi sobrino es el bribón más redomado que se puede imaginar. Bien pensado, no debí confudiros con él, porque no es posible que viva a estas fechas. Han debido ahorcarle hace mucho tiempo.

—¿Lo creéis así? —preguntó Arnaldo.

—Me atrevo a asegurarlo, señor Martín Guerra —contestó Carbón Barreau con convicción—. Supongo que no os molestará que hable así de ese canalla, toda vez que nada tiene que ver con vos, ¿verdad?

—A mí no; ¿por qué había de molestarme? —dijo Arnaldo, no muy satisfecho.

—¡Cuántas veces me he dado la enhorabuena, delante de su pobre madre, hecha un mar de lágrimas, por haber permanecido soltero y no tener hijos, que acaso habrían deshonrado mi nombre, como mi sobrino ha deshonrado el de sus padres!

—¡Toma! ¡Pues ahora caigo! —pensó Arnaldo—. ¡Mi tío Carbón no tenía hijos, y, por consiguiente, herederos directos!

—¿En qué pensáis, señor Martín? —preguntó el viajero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker