Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pienso en que, pese a vuestras afirmaciones en contrario, señor Carbón, os alegraríais de tener hijos, y a falta de hijos, no os desagradaría ver a ese sobrino que tantos disgustos os ha ocasionado, pero a quien, no obstante sus calaveradas, tendríais algún afecto y hasta le legaríais vuestros bienes.

—¿Mis bienes?

—Vuestros bienes, sí: El que siembra doblones de oro con tanta liberalidad como vos, no puede ser pobre. Pues bien: ese Arnaldo que decís que se me parece tanto, sería probablemente vuestro heredero… ¡Diablo! ¡Creed que siento no ser él!

—Arnaldo de Thill, si no hubiese muerto ahorcado, sería heredero mío a mi muerte; es cierto —contestó con gravedad Carbón Barreau—. He de decir, sin embargo, que no le sacaría de grandes apuros la herencia, porque no soy rico. Pago hoy un doblón de oro para que me proporcionen comida y lecho donde descansar, porque estoy extenuado de cansancio y de hambre, pero esto no significa que mi bolsa esté llena… Por desgracia, pesa poco; demasiado poco.

—¡Bah! —exclamó Arnaldo con incredulidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker