Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿No me creéis, maese Martín Guerra? Como queráis; pero es lo cierto que voy a Lyón en busca de un asilo y de un pedazo de pan que el Presidente del Parlamento, de quien he sido portero por espacio de veinte años, me ofrece para lo que me resta de vida. Mi generoso señor me ha enviado también veinticinco doblones para que pagase mis pequeñas deudas y sufragase los gastos del camino. Lo que de esa cantidad me resta es lo único que poseo en el mundo, por consiguiente, mi herencia es demasiado mísera para que Arnaldo de Thill, suponiendo que viviese todavía, viniera a reclamarla. He aquí por qué…

—¡Basta, basta, señor hablador! —interrumpió con brusquedad Arnaldo de Thill—. ¿Creéis que tengo el tiempo para escuchar sandeces? Entrad en casa si os acomoda. Comeréis dentro de una hora, descansaréis después, y quedaremos en paz, sin que ni vos tengáis necesidad de pronunciar discursos, ni yo de escucharlos.

—Entonces, ¿por qué me habéis preguntado?

—Entrad, buen hombre, o no entréis, como queráis. Van llegando mis convidados, y me permitiréis que os deje a vos para atenderles a ellos. Entrad; en mi casa no gasto ceremonias; así que no os acompaño.

—¡Viendo estoy que no las gastáis, amigo! —dijo Carbón Barreau.

Y entró en la casa refunfuñando contra el tornadizo humor del dueño de la misma.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker