Las dos Dianas
Las dos Dianas Resultado: a fuerza de reflexionar, Arnaldo, tan alegre y pagado de sí mismo al principio, fue poco a poco perdiendo la esperanza y la serenidad, y al fin se dijo que su situación distaba mucho de ser tranquilizadora.
El desaliento, la zozobra, la intranquilidad, habían penetrado ya en su pecho cuando fueron a buscarle para conducirle al calabozo. ¡Nuevo motivo de ansiedad! El tribunal no consideraba necesario interrogarle después de las explicaciones de Martín Guerra.
La ansiedad de Arnaldo, con ser realmente muy grande, no le impidió observar que el carcelero que le había ido a buscar y le acompañaba no era el suyo.
¿A qué obedecería aquel cambio? ¿Sería que redoblaban las precauciones? ¿Intentarían hacerle hablar? Arnaldo hizo el firme propósito de estar en guardia, y no despegó los labios durante el camino.
¡Nuevo motivo de perplejidad para Arnaldo! ¡El nuevo carcelero le conducía a una celda distinta de la que hasta entonces había ocupado!
La de ahora tenía una ventana y una chimenea que no había en la primera.
Se advertía a primera vista que muy poco antes debió de estar ocupada aquella celda por otro preso, pues se reían esparcidas por el suelo migajas de pan tierno, un cántaro de agua, un lecho de paja y un cofre medio abierto que contenía trajes de hombre.