Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Y también la tengo para bendecir a Arnaldo —prosiguió con gravedad Martín Guerra—, aunque sólo pueda hacerlo en secreto, puesto que disfruto de las afortunadas ventajas de su colaboración. Sabéis, monseñor, que soy un poquito filósofo, y que siempre fue mi costumbre mirar y tomar las cosas por su mejor lado; pues bien: he de reconocer que Arnaldo me ha prestado mayores beneficios que perjuicios me causó. Cierto que interinamente ha sido el marido de mi mujer, pero no lo es menos que me la ha devuelto más apacible que un día de mayo. Me ha robado momentáneamente los bienes y los amigos, pero gracias a él, mis bienes vuelven a mi poder aumentados y mis amistades consolidadas. Por último: me ha hecho pasar por pruebas harto duras, principalmente en Noyón y en Calais; pero por lo mismo me parece más agradable mi existencia actual. Todo esto me induce a bendecir a Arnaldo.

—Tienes un corazón agradecido, Martín —dijo Gabriel.

—Sí; pero a quien debo venerar mientras viva —repuso Martín—, a quien debo eterno agradecimiento no es a Arnaldo de Thill, mi bienchechor involuntario, sino a vos, monseñor, a quien en realidad soy deudor de cuanto tengo, de mis bienes, de mi patria, de mi fortuna, de mis amagos y de mi mujer.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker