Las dos Dianas

Las dos Dianas

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Llamaréis a esa puerta dando tres golpes con intervalos regulares. Os abrirá un hombre y os dirá: «No entréis, porque no veréis claro»; a quien contestaréis: «Traigo conmigo una luz». El hombre os conducirá a una escalera de diez y siete peldaños, que subiréis a obscuras. Una vez arriba, se os acercará otro individuo, diciendo. «¿Qué queréis?». Contestadle: «Lo que es justo». Entonces os llevarán a una cámara desierta, donde alguien susurrará en vuestro oído la seña: «Ginebra. Gloria los que hoy necesitan de vos».

Hasta la noche, amigo y hermano. Quemad este billete. ¡Discreción y valor!

Gabriel pidió una luz y quemó la carta en presencia del mensajero, a quien dijo por toda contestación:

—Iré.

El mensajero saludó y se retiró.

Serian próximamente las ocho, y estaba Gabriel meditando todavía sobre la convocatoria de La Rénaudie, cuando entró en su cámara Aloísa, acompañando a un paje que ostentaba las armas de la Casa de Lorena.

El paje era portador de otra carta, concebida en los siguientes términos:

«Mi querido compañero:

»Hace seis semanas que estoy en París, después de haber dejado al ejército con el cual nada tenía que hacer.


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