Las dos Dianas
Las dos Dianas »Me aseguran que debéis estar en vuestra casa desde hace algún tiempo. ¿Cómo no os he visto? ¿Me habréis olvidado también vos, en estos tiempos de desmemoriados y de ingratos? ¡No! Os conozco bien, y me consta que es imposible.
»Venid, pues; os espero mañana, a las diez de la mañana, en mi alojamiento de las Tournelles.
»Venid, aunque no sea más que para consolarnos mutuamente de lo que han hecho de nuestras victorias.
»Vuestro afectísimo amigo,
Francisco de Lorena.
—Iré —dijo sencillamente Gabriel al paje.
Así que este se retiró, añadió Gabriel:
—¡Vaya! ¡Estamos en el despertar del ambicioso!
Animado por esta doble esperanza, un cuarto de hora después salía de su palacio en dirección a la casa de la Plaza de Maubert.