Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah, señora! —dijo Aloísa con lágrimas de gratitud en los ojos—. ¿Todavía os acordáis de mí? ¿Todavía me conocéis?

—¡Que si me acuerdo de ti! ¡Que si te conozco! ¿Crees que puedo olvidarme de la casa de Enguerrando? ¿Crees que no conocería ya el castillo de Montgomery?

Aloísa contemplaba a Diana con suma atención; al cabo de algunos momentos de muda contemplación, juntando las manos, sonriendo y suspirando a la vez, exclamó:

—¡Qué hermosa sois!

Sonreía la buena mujer porque quería a la niña que hoy era una dama bellísima, y suspiraba porque, viéndola, apreciaba toda la extensión del dolor de Gabriel.

Diana comprendió la significación de aquella mirada melancólica y a la par alegre, y se apresuró a decir, ruborizándose un poco:

—No es de mí de quien he venido a hablar, querida nodriza.

—De él, ¿verdad? —preguntó Aloísa.

—¿De quién hacía de ser? A ti puedo descubrirte mi corazón… ¡Cuanto siento no haberle encontrado en casa! Venía a consolarle consolándome a mí misma… ¿Cómo está? Muy triste, muy afligido, ¿no es cierto? ¿Por qué no ha ido una vez siquiera a verme al Louvre? ¿Qué dice? ¿Qué hace? ¡Habla, Aloísa, habla!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker