Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay, señora! ¡Razón tenéis al suponerle triste y afligido!, figuraos…

—Espera, Aloísa —interrumpió Diana—. Antes de que empieces, quiero hacerte una recomendación. Yo estaría aquí escuchándote hasta mañana, sin cansarme, sin advertir que el tiempo pasa, pero, como comprenderás, es preciso que vuelva al Louvre antes de que adviertan mi ausencia. Vas a prometerme una cosa: cuando haya transcurrido una hora, tanto si él ha venido como si no, me lo advertirás para que me vaya.

—Es que también yo soy capaz de olvidar que pasa el tiempo, porque tampoco yo me cansaría nunca de hablaros y de escucharos.

—Entonces, ¿qué hacemos? Ya no tengo confianza en ninguna de las dos.

—Podemos dar tan penoso encargo a otra persona…

—¡Es verdad! ¡A Andrés!

El paje, que había quedado en la estancia contigua, prometió que avisaría cuando hubiese transcurrido una hora.

—Ahora —dijo Diana, volviendo a sentarse junto a la nodriza—, podemos hablar con tranquilidad y confianza, ya que no puede ser con alegría.

Desgraciadamente, aquella conversación, que tan del agrado era de las dos afligidas mujeres, ofrecía muchas dificultades y no pocas amarguras.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker