Las dos Dianas
Las dos Dianas Mucho afectó al rey el deplorable accidente, pero su pasión por las justas y ejercicios de fuerza y de destreza disipó muy pronto su tristeza.
—¡Pobre d’Avallon! —exclamó—. ¡Tan buen servidor…! Que le atiendan con esmero.
Después añadió:
—¡Vamos! Empezaremos por correr las sortijas.
Las carreras de sortijas de aquellos tiempos eran mucho más complicadas y difÃciles que las que nosotros conocemos. La palomilla de la cual pendÃan los anillos estaba colocada próximamente al final del segundo tercio de la liza, y los caballeros debÃan recorrer el primer tercio a galope y el segundo a rienda suelta, y ensartar en la punta de la lanza el anillo a la velocidad indicada. Por añadidura, el palo de la lanza no podÃa tocar el cuerpo del jinete, quien habÃa de llevarla en posición horizontal y con el codo a una altura superior a la de su cabeza. El último tercio del terreno se recorrÃa al trote.
El premio consistÃa en una sortija de brillantes ofrecida por la reina.