Las dos Dianas
Las dos Dianas Durante los once días de agonía de Enrique II, el condestable de Montmorency puso en juego todos los resortes de que disponía para conservar su influencia en el gobierno. Escribió a los príncipes de la sangre, exhortándoles a que fuesen a ocupar su puesto en el Consejo del joven rey, y dirigió principalmente sus instancias a Antonio de Borbón, rey de Navarra, el heredero más inmediato del trono después de los hermanos del rey, recomendándole que no se descuidase, porque la menor dilación podría dar a los extraños una superioridad que luego sería imposible arrancarles. En una palabra: despachó ejércitos de correos, excitando a unos, solicitando a otros, y nada omitió de cuanto sirviera para formar un partido capaz de neutralizar o anular la influencia de los Guisa.
Diana de Poitiers, a pesar de su dolor, le secundó con todas sus fuerzas, pues ya su propia fortuna estaba ligada a la de su viejo amante.
Con él, todavía podía reinar, si no directa, al menos eficazmente.