Las dos Dianas
Las dos Dianas Cuando el dÃa 10 de julio de 1559, el heraldo de armas proclamó rey al primogénito de Enrique II bajo el nombre de Francisco II, el joven prÃncipe no tenÃa más que diez y seis años, y aunque la ley le declaraba mayor de edad, su inexperiencia y su delicada salud le condenaban a abandonar durante mucho tiempo la dirección de los negocios a un ministro que, a su sombra y amparado por su nombre, serÃa más rey que el rey mismo.
¿Quién serÃa ese ministro, o más bien ese tutor? ¿El duque de Guisa o el condestable de Montmorency? ¿Catalina de Médicis o Antonio de Borbón?
He aquà la cuestión palpitante que embargaba no pocos ánimos, la que debÃa resolverse la mañana del dÃa siguiente al de la muerte del rey.
A las tres del dÃa indicado, Francisco II debÃa de recibir a los diputados del Parlamento. Sin inconveniente podÃan estos saludar como a su verdadero rey al hombre a quien Francisco II les presentase como su ministro.
Se trataba, pues, de ver quién ganaba la partida, y atentos a ella, Catalina de Médicis y Francisco de Lorena se habÃan presentado independientemente aquella mañana al rey, a pretexto de darle el pésame, pero en realidad, con objeto de darle consejos.