Las dos Dianas

Las dos Dianas

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Quedaba el duque de Guisa; ¿pero reconocería gustoso Francisco de Lorena la autoridad moral de la reina madre, o bien se negaría a compartir el poder con ella?

Fácil era averiguarlo, por eso Catalina de Médicis bendijo la casualidad que la colocó delante del rey y de Francisco de Lorena en el momento decisivo.

Iba a buscar o a crear ocasiones de examinar al Acuchillado y de sondear su actitud con respecto a ella.

Pero el duque de Guisa, tan hábil en política como en la guerra, estuvo constantemente en guardia.

Este prólogo de la comedia se representó en el Louvre, en la cámara real donde Francisco II había sido instalado la víspera, y no había más actores que la reina madre, el Acuchillado, el joven rey y María Estuardo.

Francisco y la reina, al lado de las ambiciones egoístas y frías de Catalina y del duque de Guisa, eran sencillamente dos niños encantadores, inocentes y enamorados, cuya confianza poseería el primero que supiera ganarse con destreza sus corazones.

Lloraban sinceramente la muerte del rey, y Catalina les encontró tristes y desolados.


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