Las dos Dianas
Las dos Dianas —Señor condestable —le dijo con su cortesanÃa irónica—, vuestros amigos y hechuras… me refiero a los que tenÃan asiento en el Consejo, tales como Gochetel, Aubespine y otros, pero de una manera especial su eminencia el guardasellos[23] Juan Bertrandi, querrán probablemente retirarse, siguiendo vuestro ejemplo. El rey os encarga que de parte suya les deis las gracias. Podéis participarles que su dimisión ha sido aceptada, que mañana serán reemplazados, y que quedan, por lo tanto, en libertad completa.
—¡Está muy bien! —contestó el condestable entre dientes.
—En cuanto al señor de Coligny, vuestro sobrino, actualmente gobernador de la PicardÃa y de I’lle-de-France —continuó el Acuchillado— considera el rey que dos gobiernos representan una carga demasiado pesada para una sola persona, y quiere aliviar al señor almirante del peso de uno de ellos, dejando a su elección el que haya de conservar. Tendréis, ¿no es verdad?, la bondad de hacérselo saber.
—¡Cómo no! —contestó el condestable con risa feroz.
—Respecto a vos, señor condestable… —repuso con tranquilidad el duque de Guisa.
—¿Se me desposee también del bastón de Condestable? —interrumpió con acento brutal el señor de Montmorency.