Las dos Dianas
Las dos Dianas El enamorado e incauto joven, como si fuera un eco fiel, repitió en alta voz:
—DeplorarÃamos esa retirada, pero nos resignarÃamos a ella, señora.
—¡Está bien! —dijo Catalina.
Y añadió en voz baja, designando a Gabriel:
—¡En cuanto a ese, yo volveré a encontrarle tarde o temprano!
—Lo sé, señora —contestó Gabriel, que estaba pensando en su horóscopo.
Catalina no le oyó.
Ardiendo en ira, lanzó una mirada furiosa y viperina a la real pareja y al duque de Guisa, mirada terrible y asesina que dejó traslucir los crÃmenes cometidos por la ambición de la florentina y toda la tenebrosa historia de los últimos Valois… y salió de la cámara sin añadir una palabra más.