Las dos Dianas
Las dos Dianas —Entonces —dijo el espÃa—, si me lo permitÃs, haré historia sucinta de los graves hechos de que me he enterado en estos últimos dÃas, y asà mi relación resultará más clara y ordenada.
Braguelonne hizo una seña de asentimiento. La pequeña dilación no agradaba al teniente de policÃa, cuya impaciencia por saber era muy viva, pero lisonjeaba su orgullo, porque hacÃa ver al inquisidor general la capacidad superior y demostraba la elocuencia extraordinaria de sus agentes.
A decir verdad, Démocharés quedó sorprendido y extraordinariamente bien impresionado al encontrar, él, que era hábil conocedor, un instrumento mejor y más a propósito que todos los que hasta entonces habÃa él utilizado.
Ligniéres, excitado por el alto honor que se le dispensaba, quiso aparecer digno de él, y lo consiguió.