Las dos Dianas
Las dos Dianas —Tiene por objeto apoderarse de la persona del rey, destituir violentamente a los señores de Guisa, reemplazarlos por los prÃncipes de la sangre, convocar Estados Generales, etcétera, etcétera. Todo esto pertenece ya a la historia antigua, señor des Avenelles, pues data del cinco de febrero.
—¡Y los conjurados que creen tan seguro el secreto! —exclamó el abogado—. ¡Están perdidos! ¡Irremisiblemente, perdidos… y yo también, porque ya no dudo que conocéis los nombres de los jefes del movimiento!
—Los de los jefes ocultos y los de los jefes declarados. Los primeros son el prÃncipe de Condé y el almirante Coligny; los segundos, La Rénaudie, Castelnau, Mazéres… pero no continúo, porque la enumeración es demasiado larga. Aquà tenéis la lista de sus nombres con expresión de las provincias que deben sublevar.
—¡Santo Dios! ¡Veo que la policÃa es tan hábil como imbéciles los conspiradores! ¿Pero no he de poder deciros una sola cosa que ignoréis? Vamos a ver: ¿sabéis dónde están el prÃncipe de Condé y La Rénaudie?
—Juntos en ParÃs.
—¡Esto es espantoso! ¡Ya no me queda más remedio que encomendar a Dios mi pobre alma! Pero todavÃa preguntaré otra cosa: ¿sabéis en qué sitio de ParÃs se hallan?