Las dos Dianas
Las dos Dianas —Muy bien. Sabed, por último, que si el curso de los sucesos nos demuestra que habéis cumplido fiel y lealmente nuestras instrucciones, os entregaremos el perdón, pero si sospechamos que habéis cometido alguna indiscreción, vos seréis el primer castigado, y el que reciba el castigo más duro.
—¡Os asaremos a fuego lento! —añadió Démocharés con voz lúgubre y profunda.
—Pero… —quiso decir el abogado.
—¡Basta! —interrumpió Braguelonne—. Sabéis lo que debéis saber, tenedlo muy presente, y hasta la vista.
HÃzole con la mano un gesto imperioso, y el abogado, miedoso y prudente, salió tranquilizado y aterrado a la vez.
A la salida del abogado siguió un silencio de bastante duración, que interrumpió el teniente de PolicÃa, diciendo:
—Vos lo habéis querido, y cedo; pero confieso que tengo mis dudas sobre la conveniencia de este modo de proceder.