Las dos Dianas

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Capítulo XLIII

SI franqueamos con el pensamiento dos días y cuarenta leguas, nos encontraremos en 27 de febrero y en el suntuoso palacio de Blois, donde la corte estaba a la sazón reunida.

La víspera, habíanse celebrado en el palacio espléndidas fiestas y regocijos, con justas, danzas y alegorías, siendo su organizador el poeta Antonio de Baïf.

El rey y su bella esposa, en cuyo honor se habían celebrado las fiestas, se levantaron a la mañana siguiente más tarde que de costumbre, y algo cansados todavía a consecuencia de lo mucho que se habían divertido.

Por fortuna no tenían pendiente ninguna recepción, y pudieron descansar hablando y comentando las lindas distracciones de que habían disfrutado.

—De mí puedo decir que las fiestas me han parecido lo más bello y singular del mundo —decía María Estuardo.

—Sí —contestaba Francisco—; sobre todo, las danzas y las escenas que han representado. Confesaré, sin embargo, que los sonetos y los madrigales me han parecido largos y pesados.

—¡Cómo! —exclamó María Estuardo—. Te aseguro que eran muy galantes y muy inspirados.


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