Las dos Dianas
Las dos Dianas
I franqueamos con el pensamiento dos días y cuarenta leguas, nos encontraremos en 27 de febrero y en el suntuoso palacio de Blois, donde la corte estaba a la sazón reunida.
La víspera, habíanse celebrado en el palacio espléndidas fiestas y regocijos, con justas, danzas y alegorías, siendo su organizador el poeta Antonio de Baïf.
El rey y su bella esposa, en cuyo honor se habían celebrado las fiestas, se levantaron a la mañana siguiente más tarde que de costumbre, y algo cansados todavía a consecuencia de lo mucho que se habían divertido.
Por fortuna no tenían pendiente ninguna recepción, y pudieron descansar hablando y comentando las lindas distracciones de que habían disfrutado.
—De mí puedo decir que las fiestas me han parecido lo más bello y singular del mundo —decía María Estuardo.
—Sí —contestaba Francisco—; sobre todo, las danzas y las escenas que han representado. Confesaré, sin embargo, que los sonetos y los madrigales me han parecido largos y pesados.
—¡Cómo! —exclamó María Estuardo—. Te aseguro que eran muy galantes y muy inspirados.
