Las dos Dianas
Las dos Dianas —¿Y qué hay por allá? Acompañadnos un rato y nos contaréis.
Contó Gabriel la repentina llegada al castillo del duque de Nemours, la sorpresa del glacis y del puente levadizo, su propia intervención entre los dos partidos enemigos y la sumisión pacÃfica de los protestantes que fue resultado de aquella.
—¡Pardiez! —exclamó Pardaillan—. El duque de Nemours ha tenido una suerte como para mà la deseara yo. ¿Sabéis, conde de Montgomery, contra quién voy yo en este momento?
—Contra La Rénaudie, ¿no es cierto?
—Precisamente; ¿y sabéis qué parentesco nos une a La Rénaudie y a m�
—Si mal no recuerdo, sois primos… ¡SÃ, sÃ! Primos.
—Primo mÃo es, en efecto, y más que primo, amigo queridÃsimo, mi compañero de armas. ¿Sabéis que es muy duro batirse contra quién con mucha frecuencia se ha batido a nuestro lado?
—¡Oh, sÃ! —exclamó Gabriel—. Pero… ¿estáis seguro de encontrarle?