Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo LV

AÚN permaneció Catalina de Médicis acechando algunos minutos aunque sólo quedaban en la cámara del regio enfermo María Estuardo y el cardenal; pero nada vio ni oyó que pudiera interesarla. La reina hizo tomar la poción calmante a Francisco, el cual, conforme había dicho Ambrosio Paré, se durmió al momento con sueño tranquilo. Todo volvió a quedar en el mayor silencio. El cardenal meditaba, y la reina, postrada de rodillas, rezaba.

La reina madre se retiró sigilosa a su habitación para meditar como el cardenal.

Si hubiera permanecido algunos minutos más detrás de la puerta, habría sido testigo de una escena digna de ella.

María Estuardo, concluida su ferviente plegaria, dijo al cardenal:

—No necesitáis molestaros velando conmigo, tío, porque estoy decidida a no separarme de aquí hasta que el rey despierte. Si necesitase algo, me bastaría Dayelle, los médicos de servicio y los criados. Podéis, por tanto, ir a descansar un rato. En caso de necesidad, yo os haría llamar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker