Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡Oh! ¡Esto es infame! —gritó Gabriel, golpeándose la frente con los puños—. ¿Por qué sois mujer, o por qué soy yo caballero? ¡Pero tened cuidado, señora, os juro que no habéis jugado impunemente con un corazón ni con mi vida! ¡Ya que no me vengue yo, me vengará Dios y os castigará, porque lo que conmigo habéis hecho, repito que es infame!
El paje, a quien Diana habÃa llamado, hizo su aparición en aquel momento: la favorita del rey saludó irónicamente a Gabriel y salió de la cámara.
—Decididamente el condestable es hombre fuerte —decÃa para sà Diana de Poitiers—. La fortuna es como yo: le ama… ¿Por qué diablos le amamos?
Gabriel salió con el paje, lleno de rabia y de dolor.