Las dos Dianas
Las dos Dianas »—¿No te decÃa yo, Enrique de Valois, que tú opondrÃas lo menos diez espadas a la mÃa, y contestarÃas a mi afrenta con el valor mercenario de tus soldados?
»—¡OÃs eso, Montmorency! —bramaba colérico el delfÃn.
»—¡Ponedle una mordaza! —ordenó el condestable por toda respuesta—. Dentro de poco os haré saber lo que debéis hacer con él —añadió, dirigiéndose como antes a los soldados—. Por el momento, no le perdáis de vista: con vuestra cabeza me respondéis de su persona.
»Y salió del oratorio llevando consigo al delfÃn. Atravesaron la galerÃa en que Perrot estaba oculto y entraron en la cámara de Diana.
»Perrot aplicó el oÃdo a la otra puerta.
»La escena que acaba de presenciar, con ser tan terrible, no era nada en comparación de la que iba a oÃr.