Las dos Dianas
Las dos Dianas »—¿Y qué piensas hacer, Perrot? —preguntó el conde—. Son ocho contra nosotros dos, y por si esto es poco, nos encontramos en una casa que dista mucho de ser amiga —terminó con amargura en la voz.
»—No importa —contestó Perrot. Dejadme obrar y hablar, y os salváis; seréis libre.
»—¿Para qué, Perrot? —dijo con tristeza el conde—. ¿Para qué quiero la vida y la libertad? ¡Diana no me ama!… ¡Me detesta y me vende!
»—Olvidad a esa mujer, monseñor, y acordaos únicamente de vuestro hijo.