Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡Hum! Preocupan al rey en estos momentos asuntos muy graves para que pueda recibiros, mi joven amigo… Pero aguardad un poco: yo también voy a ver a su majestad, que me mandó llamar con urgencia. Subamos juntos y os presentaré, a cambio de que me prestéis vuestro brazo para ayudarme a subir: favor por favor, amigo mÃo, y servicio por servicio, que es precisamente lo que dentro de un momento diré a su majestad. Supongo que sabréis la triste noticia…
—¡No… nada sé, monseñor! Llego de mi casa y lo único que he observado ha sido cierta agitación…