Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡Qué casualidad! —dijo con cierta desconfianza lord Grey.
—Os lo aseguro, milord —insistió con sencillez Juan Peuquoy—. Mi primo, que se llama Pedro Peuquoy, es armero, vive hace más de treinta años en la calle de Martroi, y en la muestra de su establecimiento campea el dios Marte.
—¿Os aprecia?
—Mucho, milord. Me respeta, me venera, porque soy el último Peuquoy de mi rama. Hace más de dos siglos, un Peuquoy, antepasado mÃo, tuvo dos hijos: uno de ellos se hizo tejedor y se estableció en San QuintÃn; el otro se hizo armero y fue a fijar su residencia a Calais. Desde aquel tiempo, los Peuquoy de San QuintÃn tejen y los Peuquoy de Calais forjan; pero, aunque separados, se quieren desde lejos y se ayudan en lo que pueden, como es de rigor entre buenos parientes. Pedro me prestará lo que necesite para pagar mi rescate, de ello estoy seguro, y sin embargo, hace más de diez años que no nos hemos visto. ¡Claro! Los ingleses no permiten a los franceses entrar en sus plazas fuertes.
—¡SÃ, sÃ! —dijo con afabilidad lord Grey—. Hace doscientos años que vuestros Peuquoy de Calais son ingleses.
—¡Oh! —exclamó el sÃndico de los tejedores con calor—. Los Peuquoy…
Se interrumpió bruscamente.