Las dos Dianas
Las dos Dianas —¿Qué? —preguntó lord Grey sorprendido—. ¿Los Peuquoy…?
—Los Peuquoy, milord —continuó el tejedor, dando vueltas a la gorra que tenÃa en las manos—, los Peuquoy no se ocupan en polÃtica: esto era lo que iba a decir. Sean ingleses o franceses, aspiran a ganarse el pan, y si ven satisfechas sus aspiraciones, aquellos con el yunque, y los de aquà con la lanzadera, están contentos y no desean más.
—¡Está bien! Después de todo, quién sabe… quién sabe —dijo lord Grey sonriendo—. Pudiera acontecer que vos os establecieseis como tejedor en Calais y os hicieseis súbdito de la reina MarÃa, reuniéndose asà las dos ramas de los Peuquoy después de tantos años de separación.
—No digo que no —contestó Juan Peuquoy con naturalidad—. Cosas más difÃciles se ven todos los dÃas.
Con profunda sorpresa escuchaba Gabriel al valiente tejedor, que tan heroicamente se habÃa portado en la defensa de la ciudad, y ahora hablaba de hacerse inglés con tanta naturalidad como si se tratara de mudarse de camisa. Pero un guiño de Juan Peuquoy tranquilizó a nuestro amigo acerca del patriotismo de su compañero de cautiverio, y le hizo sospechar que este acariciaba algún proyecto misterioso.
Lord Grey no tardó en despedir a los dos.