Las dos Dianas

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Capítulo XLI

EN su primer día de viaje, Arnaldo de Thill no tuvo encuentros desagradables y pudo proseguir la marcha sin grandes obstáculos. Claro está que encontraba con frecuencia en el camino soldados enemigos, alemanes que desertaban, ingleses insolentes y españoles tan orgullosos como gloriosa había sido su victoria, pues en el desgraciado territorio de Francia desolada, abundaban más los extranjeros que los franceses, pero a las preguntas que le dirigían contestaba Arnaldo exhibiendo el salvoconducto de lord Wentworth, y todos, aunque murmurando entre dientes, respetaban al portador de la firma del gobernador de Calais.

Menos afortunado el día segundo, tropezó en las inmediaciones de San Quintín con un destacamento español que pretendió apoderarse de su caballo so pretexto de que el animal no estaba comprendido en el salvoconducto, y, por tanto, era objeto confiscable. El Martín Guerra apócrifo exigió con entereza que le presentasen al jefe, y su serenidad le valió poder continuar el viaje con su compañero, causa de la dificultad.


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