Las dos Dianas
Las dos Dianas
N su primer dÃa de viaje, Arnaldo de Thill no tuvo encuentros desagradables y pudo proseguir la marcha sin grandes obstáculos. Claro está que encontraba con frecuencia en el camino soldados enemigos, alemanes que desertaban, ingleses insolentes y españoles tan orgullosos como gloriosa habÃa sido su victoria, pues en el desgraciado territorio de Francia desolada, abundaban más los extranjeros que los franceses, pero a las preguntas que le dirigÃan contestaba Arnaldo exhibiendo el salvoconducto de lord Wentworth, y todos, aunque murmurando entre dientes, respetaban al portador de la firma del gobernador de Calais.
Menos afortunado el dÃa segundo, tropezó en las inmediaciones de San QuintÃn con un destacamento español que pretendió apoderarse de su caballo so pretexto de que el animal no estaba comprendido en el salvoconducto, y, por tanto, era objeto confiscable. El MartÃn Guerra apócrifo exigió con entereza que le presentasen al jefe, y su serenidad le valió poder continuar el viaje con su compañero, causa de la dificultad.
