Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XLV

MI muerte? —preguntó Martín Guerra palideciendo al oír las terribles palabras de Aloísa.

—¡Jesús! ¡Dios mío! —exclamó el campesino en cuanto vio al escudero.

—¿Habrá muerto mi otro yo? —repuso Martín—. ¡Bondad divina! ¿Habré perdido mi existencia de repuesto? ¡Bah! Bien pensado, aunque tengo motivos para afligirme, los tengo mayores para alegrarme. Hable, amigo mío, hable —añadió, dirigiéndose al campesino.

—¡Pero es posible! —dijo el campesino, después de mirar y remirar a Martín con ojos espantados—. ¿Cómo habéis podido llegar antes que yo? Os juro que me he dado toda la prisa que puede darse una persona para desempeñar a conciencia la comisión que me confiasteis y ganar los diez escudos. A no ser que hayáis hecho el viaje a caballo, es absolutamente imposible que me dejarais atrás en el camino, aparte de que, aun viniendo a caballo, os habría visto pasar.

—¡Pero, hombre de Dios! —exclamó Martín Guerra—. ¡Si yo no te he visto en los días de mi vida! Hablas como si me conocieses…

—¡Cómo si os conociese! —repitió el campesino estupefacto—. ¿Habéis olvidado que me confiasteis el encargo de venir aquí y anunciar que Martín Guerra había muerto ahorcado?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker