Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Perdón, oh, perdón! —exclamó Martín Guerra saliendo de su ensimismamiento y poniéndose en pie.

—¡Quieto, Martín; no te molestes! —dijo Gabriel—. Me disgusta, Aloísa, que riñas a mi pobre Martín. Su celo y su adhesión me son ahora más necesarios que nunca, y tengo que hablar con él de asuntos graves.

Cualquier deseo del vizconde de Exmés era para su buena nodriza obligación sagrada, así fue que perdonó al punto al escudero, y hasta le favoreció con una sonrisa, saliendo discretamente de la estancia a fin de dejar a Gabriel en libertad completa.

—Vamos a ver, Martín ¿qué hacías allá cuando yo entré? —preguntó Gabriel—. Con franqueza, ¿cuál era el objeto de tus graves meditaciones?

—Me estaba devanando los sesos, con perdón de monseñor, intentando descifrar el misterio del hombre de esta mañana —respondió Martín Guerra.

—Y qué, ¿has descifrado algo?

—Muy poco, monseñor, muy poco. Confesaré francamente que, por más que abro los ojos, no veo más que una noche muy oscura.

—Pero yo te anuncié, Martín, que creía haber vislumbrado algo que no es precisamente noche oscura.

—Verdad es, monseñor; ¿pero qué es lo que habéis vislumbrado?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker