Las dos Dianas

Las dos Dianas

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El tumulto, pues no se le puede llamar combate, duró muy contados minutos. Los amigos de Pedro Peuquoy gritaban: ¡Viva Enrique II! ¡Viva Francia!, y los neutrales y los indiferentes se colocaron, como acontece siempre, al lado del vencedor. Algunos hubo que intentaron oponer resistencia, pero tuvieron que ceder inmediatamente. De la lucha no resultaron más que dos muertos y cinco heridos, habiéndose disparado tan sólo tres tiros de arcabuz. El piadoso Lactancio tuvo el dolor de poner en su cuenta dos de los heridos y uno de los muertos, pero felizmente había cumplido por adelantado la penitencia.

No eran todavía las seis, y ya el fuerte de Risbank estaba en poder de los franceses. Los que se resistieron y los sospechosos habían sido encerrados en sitio seguro, y todo el resto de la milicia urbana se agrupaba en derredor de Gabriel, aclamándole como a libertador.

Así fue tomado en menos de una hora, y casi sin disparar un tiro, el fuerte que los ingleses no habían querido reforzar, seguros de que el mar era su defensa mejor y más eficaz, el fuerte no sólo era la llave del puerto de Calais, sino de la plaza misma.

Tan admirablemente fue llevada a feliz término la operación, que el fuerte era francés y Gabriel había colocado centinelas nuevos sin que en la plaza se hubiesen dado cuenta de nada.


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