Las dos Dianas
Las dos Dianas —Volved, pues, a Calais, puesto que asà lo deseáis —contestó Gabriel—. Sois tan entendido como bravo, y reconozco que, en efecto, podéis secundarme ventajosamente desde la plaza, si yo intento alguna salida.
—¡No intentéis semejante cosa! —exclamó Pedro Peuquoy—. Las fuerzas con que contáis son muy escasas, y en la salida os expondrÃais a perderlo todo y a no ganar nada. Ocupáis una torre inexpugnable, podéis reÃros de todos los ataques mientras os protejan las robustas murallas de que sois dueño; no comprometáis las ventajas de vuestra posición. Si tomaseis la ofensiva, es muy probable que lord Wentworth consiguiese reconquistar el fuerte, y la verdad es que, después de haber hecho tanto, serÃa una locura deshacerlo todo.
—¿Y he de permanecer aquà ocioso mientras el señor duque de Guisa y todos los nuestros se baten y exponen la vida?