Las dos Dianas
Las dos Dianas Imposible dudar; sobre la orgullosa torre inglesa ondeaba la bandera francesa, y puesto que la torre estaba en poder del enemigo, forzosamente habÃa de estarlo también la ciudad. Luego los refuerzos, a pesar del apresuramiento verdaderamente febril con que fueron enviados, llegaban tarde.
Los navÃos ingleses, después de algunos momentos de irresolución, fruto lógico de la sorpresa, fueron alejándose poco a poco con rumbo a Dover. TraÃan fuerzas más que suficientes para defender la plaza, pero no para reconquistarla.
—¡Vive Dios que es un prodigio ese Gabriel! —exclamó alborozado el duque—. ¡Si conquista como un ángel, defiende como un dios! Nos ha puesto a Calais en la mano; no tenemos más que cercarla, para que esa hermosa ciudad quede en poder nuestro.
Volvió a montar a caballo y emprendió el regreso al campamento, con objeto de activar los preparativos de asalto.
Por regla general, todos los sucesos humanos tienen dos caras; de aquà que casi siempre el acontecimiento que hace reÃr a unos, haga llorar a otros. A la hora misma en que el duque de Guisa se frotaba las manos de gusto, lord Wentworth se arrancaba los cabellos de desesperación.