Las dos Dianas
Las dos Dianas —¡Pero, Juan! —exclamó Pedro con alguna impaciencia—. Si la posición en que nos encontramos es difÃcil, ten en cuenta que no soy el que la ha creado. ¿Has encontrado tú algún medio, distinto del que yo propongo, que nos permita salir del atolladero?
—¡Claro que lo he encontrado! —contestó Juan.
—¡Habla! ¿Cuál es? —preguntaron a un tiempo mismo Babette y su hermano, con tanta ansiedad este último, hagámosle justicia, como la primera.
El vizconde de Exmés continuó guardando silencio, pero redobló su atención.
—Vamos a ver —dijo Juan Peuquoy—: ¿No puede encontrarse un hombre honrado que, condolido, más bien que asustado, de la desgracia de Babette, consienta en darle su nombre?
Pedro movió la cabeza con expresión de incredulidad.