Las dos Dianas
Las dos Dianas —Primero —continuó el duque de Guisa—: Me pide el señor de Exmés que lleve conmigo a ParÃs y emplee como lo tenga a bien al puñado de héroes que él reclutó y empleó por su cuenta. Tan sólo se reserva cuatro, que serán los que le acompañen en su viaje a ParÃs. Ahora bien: esos hombres que me ruega que acepte, como haciéndole favor, no son otros, señor de Vaudemont, que los diablos con figura casi humana que, obedeciendo sus órdenes, se apoderaron del fuerte de Risbank, escalándolo como sólo podrÃan hacerlo los titanes. Con imparcialidad, señor de Vaudemont: ¿quién hace favor a quién?
—Debo convenir en que quien hace favor es el señor de Exmés —contestó el marqués de Vaudemont.
—¡Por vida mÃa que acepto ese nuevo favor! —exclamó el duque de Guisa—. Y no será la ociosidad la que echará a perder a los ocho valientes que me regaláis, Gabriel, porque en cuanto pueda dejar esta cama, es mi intención llevarles al sitio de Ham: no quiero dejar a los ingleses un palmo de terreno dentro de las fronteras de Francia. Hasta el mismo Mala Muerte, el eterno herido, irá conmigo, pues Paré me ha dado su palabra de que quedará curado al mismo tiempo que yo.
—Se considerará el más feliz de los mortales, monseñor —dijo Gabriel.