Las dos Dianas
Las dos Dianas Gabriel se inclinó como para dar las gracias, sin pronunciar una palabra, temeroso de que se trasluciera el menor interés, o de que sospecharan la importancia que para él tenÃa la promesa del duque.
—Tercero —continuó el de Guisa—: Lord Wentworth, exgobernador inglés de esta plaza, fue hecho prisionero por el vizconde de Exmés. En la capitulación otorgada a lord Derby, nos comprometimos a darle libertad a cambio de rescate, pero el señor de Exmés, dueño del prisionero, y del rescate, nos pone en condiciones de extremar nuestra generosidad. Pide que le autoricemos para dejar que lord Wentworth vuelva cuando lo tenga a bien a Inglaterra, sin pagar un ochavo por su libertad. ¿No es verdad que esta acción ha de honrarnos extraordinariamente allende el Estrecho, y por tanto, que es otro servicio que nos presta el vizconde de Exmés?
—Según la noble interpretación que al acto da monseñor, servicio es y no favor —contestó el marqués de Vaudemont.
—Respirad tranquilo, mi querido Gabriel, que también os ha sido concedido ese favor —repuso el duque de Guisa—. El señor de Thermes ha ido, de parte vuestra y mÃa, a poner en libertad a lord Wentworth y a devolverle la espada. Cuando lo tenga a bien, podrá irse a Inglaterra o a donde guste.