Las dos Dianas
Las dos Dianas Cuando acabó de leer, llevado de su Ãndole de rey, cuyos impulsos primeros y espontáneos fueron siempre generosos y leales, dijo a Gabriel:
—La señora de Castro me recomienda también a su libertador, y hallo que su recomendación no puede ser más justa, pues me dice que no sólo os debe la libertad, sino el honor.
—He cumplido con mi deber, señor —contestó Gabriel.
—A mà me toca ahora cumplir con el mÃo —repuso vivamente el rey—. Pedidme vos, caballero: ¿qué desea de mà el señor vizconde de Montgomery?