Las dos Dianas

Las dos Dianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XVII

EL señor vizconde de Montgomery! Este nombre, pronunciado por el rey, encerraba algo más que una promesa; de aquí que Gabriel, al oírlo, se sintiese poseído de un gozo infinito.

Era evidente que Enrique II iba a perdonar.

—¡Se va ablandando! —dijo en voz baja Diana de Poitiers al condestable, que se había aproximado a ella.

—¡Paciencia! ¡A todos nos llegará la vez! —contestó Montmorency sin desconcertarse.

—Señor —decía mientras tanto al rey Gabriel, más conmovido, como le acontecía siempre, por la esperanza que por el temor—, señor, no tengo necesidad de repetir a vuestra majestad la merced que me atrevo a esperar de su bondad, de su clemencia y casi hasta de su justicia. Creo que he realizado todo lo que vuestra majestad exigió de mí, y ahora espero que vuestra majestad se dignará concederme lo que me ofreció. ¿Ha olvidado vuestra majestad su promesa? ¿La cumplirá?

—La cumpliré, caballero —respondió el rey sin vacilar—; pero a condición de que vos os obliguéis a respetar el silencio, según convinimos.

—Del cumplimiento estricto y riguroso de las condiciones estipuladas sale de nuevo garante mi honor, señor.

—Acercaos, pues, caballero.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker