Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Milady no respondió, pero se puso pálida como un cadáver.
—Veo que preferÃs la peregrinación. De perlas; dicen que los viajes forman a la juventud. Por mi fe que no pensáis malamente, pues al fin y al cabo la vida tiene atractivos. Por eso cuido de que no me la quitéis. Falta, pues, arreglar el asunto de los cinco chelines; me muestro algo parsimonioso, ¿no es verdad? Esto estriba en que no quiero que corrompáis a vuestros guardianes. Por otra parte, siempre os quedarán vuestras gracias para seducirlos. Echad mano de ellas si vuestro descalabro con Felton no os ha quitado el gusto a las tentativas de este jaez.
Felton no ha hablado, dijo para sà milady, todavÃa no se ha perdido nada.
—Y ahora, hasta la vista —profirió el barón—. Mañana volveré para anunciaros la partida de mi mensajero.
Lord Winter se levantó, saludó con ironÃa a milady, y salió.
A milady se le dilató el pecho: aun le quedaban cuatro dÃas, plazo suficiente para acabar de seducir a Felton.