Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Pero por más que su voz meliflua, extensa y sonora hubiese vibrado más armoniosa y desgarradora que nunca, la puerta permaneció cerrada. A milady le pareció, al dirigir una furtiva mirada al ventanillo, percibir a través de la apretada reja los ardientes ojos del joven; pero, realidad o visión, Felton tuvo ahora suficiente energÃa para no entrar. Lo único que pasó fue que poco después de haber acabado su cántico, a milady le pareció oÃr un profundo suspiro; luego, y como con pesar, los mismos pasos que aquella oyera acercarse se alejaron pausadamente.