Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pues bien —dijo milady—, confÃo en mi hermano, y me atrevo.
En esto los interlocutores oyeron los pasos de lord Winter; pero ahora el terrible cuñado de milady no se contentó, como en la vÃspera, con pasar por delante de la puerta y alejarse, sino que se detuvo, cruzó algunas palabras con el centinela, y entró en el aposento.
Mientras el barón habló con el centinela, Felton retrocedió apresuradamente, y cuando aquel entró, estaba a algunos pasos de la presa.
Lord Winter entró con lentitud, y dirigió una mirada escrutadora a milady y al joven teniente.
—Mucho tiempo hace que estáis aquÃ, John —dijo el barón a Felton—; si esa mujer os ha contado sus crÃmenes, me explico que la conversación haya sido tan larga.
Felton se estremeció, y milady comprendió que estaba perdida si no acudÃa en auxilio del turbado oficial.
—¡Ah! ¡Teméis que vuestra presa se os escape! —exclamó aquella furia del averno—. Pues bien, preguntad a vuestro digno carcelero qué favor estaba yo solicitando de él hace poco.
—¿Solicitabais un favor? —dijo el barón con recelo.
—SÃ, milord —repuso Felton, confuso.