Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Y qué favor es ese? —preguntó lord Winter.
—Me ha pedido un cuchillo, prometiéndome devolvérmelo por el ventanillo un minuto después de habérselo entregado —respondió Felton.
—¡Qué! —repuso el barón con zumba y desprecio—. ¿Hay aquà alguna persona escondida a quien esa mujer quiera degollar?
—Yo soy esa persona —respondió milady.
—Os he dado a elegir entre América y Tyburn —repuso lord Winter—; elegid este último punto, milady: creedme, la soga es todavÃa más eficaz que el cuchillo.
Felton palideció y se adelantó un paso; y es que acababa de venirle a la mente que, al entrar él, milady tenÃa una cuerda en la mano.
—DecÃs bien —profirió la presa—, y ya habÃa pensado yo en ello. —Y con voz sorda añadió—: Volveré a meditarlo.
El puritano sintió frÃo en la médula; y probablemente lord Winter notó lo que le pasaba al joven, ya que le dijo:
—John, amigo mÃo, no te fÃes de esa mujer, ya te he prevenido. ConfÃo en ti. Muéstrate animoso, hijo mÃo; por otra parte, dentro de tres dÃas vamos a vernos libres de esa criatura, y adonde la envÃo, no dañará a nadie.