Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Mi primer impulso, al recobrarme —continuó milady—, fue buscar bajo mi almohada el cuchillo, para que sirviese para la expiación, ya que no habÃa servido para la defensa; pero al empuñarlo se me ocurrió un pensamiento terrible. Os he jurado decÃroslo todo, y todo os lo diré; os he prometido la verdad, y la sabréis, aunque debiese acarrear mi perdición.
—Se os ocurrió la idea de vengaros de aquel hombre, ¿no es verdad? —exclamó Felton.
—Pues bien, sà —respondió milady—, aquel pensamiento no era propio de una cristiana, lo sé; sin duda lo inspiró a mi espÃritu el eterno enemigo de nuestra alma, el rugiente león que sin cesar gira a nuestro derredor. ¿Qué más os diré? —continuó milady con voz de la mujer que se acusa de un crimen—. Aquel pensamiento ya no se borró de mi mente, y de tal pensamiento homicida sufro hoy el castigo.
—Continuad, continuad —dijo Felton—, tengo prisa de veros llegar a la venganza.