Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros El joven, una vez se hubo calmado su efervescencia, y cuando milady aparentemente hubo recobrado una serenidad que no la abandonara; cuando hubo visto desaparecer bajo el velo de la honestidad aquellos tesoros de amor que únicamente se los escondÃan tan cuidadosamente para hacérselos desear con más fuego, dijo:
—¡Ah! Solo una cosa tengo que pediros ahora, y es que me declaréis el nombre de vuestro verdadero verdugo, pues para mà no hay más que uno; el otro no era más que el instrumento.
—¡Cómo, hermano! —exclamó milady—. ¿TodavÃa es menester que te lo nombre? ¿No lo has adivinado?
—¡Qué! —profirió Felton—. ¡Él! ¡También él! ¡Siempre él!… ¡Qué! El verdadero culpable…
—El verdadero culpable —repuso milady— es el devastador de Inglaterra, el perseguidor de los verdaderos creyentes, el infame ladrón de la honra de tantas mujeres, el que por un capricho de su corrompido corazón va a hacer derramar tanta sangre a Inglaterra, el que hoy protege a los protestantes para venderlos mañana…
—¡Buckingham! ¡Conque es Buckingham! —exclamó Felton, exasperado.
Milady escondió el rostro en las manos, como si no pudiese soportar la vergüenza que le recordaba aquel nombre.